lunes, 21 de marzo de 2011

El gato, poema de Constantino Cavafis (1863-1933)


N
o es el gato simpático a la gente vulgar.
Magnético y secreto,
cansa a su imaginación superficial.
Y no consiguen apreciar su proceder gracioso.

[...]

Pero el alma del gato es su altivez.
La libertad sus nervios y su sangre son.
En su mirada nunca hay humildad.
En su manera de ocultar cualquier pasión,
en la gracia y sosiego de su disposición,
la pulcritud y contención de sus impulsos,
qué pura suavidad de los sentidos encierra.

Cuando duermen o reposan con sopor los gatos,
de una frialdad visionaria están ungidos.
Tal vez entonces vaguen a su alrededor
espectros de épocas antiguas.
Tal vez la visión los lleve a Búbastis,
donde su culto florecía,
y los Ramsés los coronaban con su veneración
y cada gesto suyo era como una profecía.



Cavafis, P. Constantino, Poesía Completa, Edición de Anna Pothiou y Rafael Herrera, Colección Visor de Poesía, Madrid, Visor,  2003.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El gato y la luna, por William Butler Yeats (1865-1939)

De aquí para allá el gato fue,
y la luna giró como una tapa.
el pariente mas cercano de la luna,
el sigiloso gato, la admiraba.

El negro Minnaloushe miraba fijamente la luna,
pues, vagando y maullando como gustaba,
la pura y fria luz en el cielo
inquietaba su sangre animal.
Minnaloushe corre en la hierba
alzando sus pies delicados
¿tú bailas, Minnaloushe, bailas?
cuando dos parientes se encuentran
que mejor que invitarse a bailar?
quizás la luna aprenda,
cansada de la moda cortesana,
un nuevo paso de baile.

Minnaloushe se arrastra en la hierba,
de un lugar a otro va
bajo la luz de la luna.
la sagrada luna en lo alto
ha cambiado de fase.

¿Sabrá Minnaloushe que sus pupilas
de cambio a cambio mutarán,
y que de luna llena a menguante,
de creciente a llena variarán?

Minnaloushe se arrastra en la hierba
solo, importante y sabio
y levanta hacia la cambiante luna
sus cambiantes ojos.



William Butler Yeats (1865-1939).
Imagen: http://eucema.blogspot.mx/2011/05/los-hijos-de-dios-poema.html

viernes, 22 de octubre de 2010

Los gatos, texto de Carlos González Vallés.


Agradezco de corazón a Nina Ozuna por su excelente contribución a este espacio consagrado a la fauna felina.


"Los gatos los inventaron los chinos"
(Ramón Gómez de la Serna)

El gato es la criatura Zen por excelencia. Dueño de los mejores rincones de la casa, relajado al límite, rey del ocio perpetuo, objeto de caricias. No tiene que guardar la casa como el perro, ni estar encerrado en una jaula y piar como el canario. Antes decían que tenía que cazar ratones, pero aun eso era deporte gastronómico y no obligación laboral. El gato se mueve con elegancia felina, pisa con suavidad algodonada, salta sin esfuerzo, y vive sin ruido. Su cuerpo se ajusta por sí mismo a las curvas del mullido sillón, y su anatomía se mezcla con el regazo humano en reposo orgánico. Siempre alerta y siempre descansado. Sueño instantáneo, e inmediato despertar. Se posee a sí mismo con fácil totalidad, señor de su mirada y conquistador de su espacio. Conciencia ambulante del entorno absoluto. Vivencia exacta del paisaje circundante que encuentra su centro en la unidad despierta de su intenso vivir. El gato, reposado y callado, anónimo y silencioso en olvido publicitario, se convierte súbitamente en la convergencia de todos los vectores de atención al pasar a la acción instantánea con efectividad inmediata. Monje budista en la contemplación inmutable del misterio de la vida en el milagro de creación.

Tengo ante mí la reproducción de una pintura china de un gato. Se está riendo de mí. Me dice; “A ver cuando aprendes a ser como yo. A andar reposado, sin prisas ni sustos, y a saltar al instante en cuanto se presente la ocasión. A caer en la cuenta de todo, observar todo, parecer indiferente a todo, solo para escoger en el momento preciso la postura favorita o el manjar selecto, y disfrutar los placeres diarios con la intensidad inocente y discreta de sibarita profesional. A dormir profundamente con todo el cuerpo en el ritmo visible de la respiración plena y tranquilizante. A dejarte querer de los humanos como si tuvieras derecho a sus caricias y a que todos te quieran como la cosa más natural del mundo. A vivir despreocupado y alegre, y a desaparecer un día con el mismo silencio con que llegaste, sin pensar que el mundo vaya a angustiare porque haya un gato menos. A ver si aprendes, que esa será la manera de pagar yo la deuda que tengo contigo y con todos los humanos por lo bien que me habéis tratado en toda mi vida sin merecerlo.”

El gato del retrato me sigue mirando. Aunque todos los gatos del mundo son iguales, caigo en la cuenta de que es un gato chino. Tenía razón el genial autor de las “Greguerías”. A los gatos los debieron inventar los chinos.

Carlos González Vallés

sábado, 14 de junio de 2008

Cosas que pasan, minificción de Marcial Fernández.

Extraña metamorfosis sufrió el gato de mi vecino. Un día amaneció con melena de león. Al otro día, con mirada de león. Un día más, y su mandíbula, sus patas y su barriga eran las de un león. Pero ahí no acaba la historia. Al día siguiente se comió a los hijos de mi vecino. Luego, a la mujer de mi vecino. Y más tarde, a mi vecino. Y así siguió: come que come sin importarle nada. No le importó siquiera que alguien contara su...

Fernández, Marcial., Andy Watson, contador de historias, Colección Sueño Guajiro, México, Daga editores,  1997.

Imagen: www.amazingcatcollection.com

sábado, 26 de abril de 2008

Siete vidas, texto de Tadeo Tápanes Zerquera.

El gato que lanzaron al vacío
sin poder escapar de su maltrato,
más nunca podrá ser el candidato
a poner su pericia en desafío.
Su sangre como gotas de rocío
en medio del jardín de un niño ingrato,
con rabia contemplé el asesinato
llorando de impotencia en lo sombrío.
Que el Dios de los felinos en que creo,
restañe para siempre las heridas
de aquel a quien en verso homenajeo.
Que nunca más las manos homicidas
apaguen su amoroso ronroneo,
y tenga, allá en el cielo, siete vidas. Texto tomado del blog: