lunes, 28 de marzo de 2011

Poemas de Charles Baudelaire (1821-1867)



El gato (I)

Hermoso gato, ven a mi pecho amoroso;
comprime el filo de tus uñas;
y deja que me hunda en tus bellas pupilas,
de ágata y metal.

Cuando gustosos mis dedos acarician
tu cabeza y tu flexible lomo
y mi mano se embriaga en el goce
de rozar tu cuerpo magnético,

veo a mi mujer en espíritu; su mirada,
dulce animal, como la tuya
fría y honda, taja y corta cual dardo.

Y, de los pies a la cabeza,
una brisa sutil, de peligroso aroma,
nadan en torno de su cuerpo moreno.

El gato (II)
I
En mi cerebro se pasea,
igual que en su propia casa,
Un gato hermoso, fuerte y suave.
Cuando maúlla, apenas se le oye,

tan tierno y discreto es su tono.
Y que su voz gruña o se calme
es siempre rica y profunda:
Es su
su secreto y encanto.

Esa voz que filtra y fluye
en mi yo más tenebroso
me colma cual un verso cadencioso
y me deleita cual un filtro.

Duerme los
males más crueles
Y resume todos los éxtasis;
y para las más largas frases
no necesita palabras.

No hay ningún arco que muerda
mi corazón, justo instrumento,
ni haga cantar con más grandeza
de sus cuerdas la más vibrante,

como tu voz, gato seráfico,
misterioso, gato extraño,
en quien todo, como en un ángel,
es tan sutil como armonioso.

II
Su pelaje rubio y moreno
exhala tan dulce fragancia
que una noche me impregnó de ella
tan sólo en una caricia.

Es el genio del lugar;
juzga, inspira, preside
todas las cosas, en su imperio;
¿Es tal vez hada, tal vez Dios?

Cuando mis ojos hacia ese gato,
como por un imán arrastrados,
se dirigen dócilmente,
y miro dentro de mí,

veo con asombro el fuego
de sus pálida pupilas,
claros fanales, vivos ópalos,
que me contemplan fijamente.

Le Chat (I)

Viens, mon beau chat, sur mon coeur amoureux;
Retiens les griffes de ta patte,
Et laisse-moi plonger dans tes beaux yeux,
Mêlés de métal et d'agate.

Lorsque mes doigts caressent à loisir
Ta tête et ton dos élastique,
Et que ma main s'enivre du plaisir
De palper ton corps électrique,

Je vois ma femme en esprit.
Son regard, comme le tien, aimable bête
Profond et froid, coupe et fend comme un dard,

Et, des pieds jusques à la tête,
Un air subtil, un dangereux parfum
Nagent autour de son corps brun.

Le Chat (II)

I
Dans ma cervelle se promène,
Ainsi qu'en son appartement,
Un beau chat, fort, doux et charmant.
Quand il miaule, on l'entend à peine,

Tant son timbre est tendre et discret;
Mais que sa voix s'apaise ou gronde,
Elle est toujours riche et profonde.
C'est là son charme et son secret.

Cette voix, qui perle et qui filtre
Dans mon fonds le plus ténébreux,
Me remplit comme un vers nombreux
Et me réjouit comme un philtre.

Elle endort les plus cruels maux
Et contient toutes les extases;
Pour dire les plus longues phrases,
Elle n'a pas besoin de mots.

Non, il n'est pas d'archet qui morde
Sur mon coeur, parfait instrument,
Et fasse plus royalement
Chanter sa plus vibrante corde,

Que ta voix, chat mystérieux,
Chat séraphique, chat étrange,
En qui tout est, comme en un ange,
Aussi subtil qu'harmonieux!

II
De sa fourrure blonde et brune
Sort un parfum si doux, qu'un soir
J'en fus embaumé, pour l'avoir
Caressée une fois, rien qu'une.

C'est l'esprit familier du lieu;
Il juge, il préside, il inspire
Toutes choses dans son empire;
Peut-être est-il fée, est-il dieu?

Quand mes yeux, vers ce chat que j'aime
Tirés comme par un aimant,
Se retournent docilement
Et que je regarde en moi-même,

Je vois avec étonnement
Le feu de ses prunelles pâles,
Clairs fanaux, vivantes opales
Qui me contemplent fixement.


Fuente: Baudelaire, Charles, Las flores del mal / Diarios íntimos, Colección Sépan cuántos, México, Porrúa, 1989.
Versión original en francés: http://poemasenfrances.blogspot.com
Imágenes: "Le chat blanc au miroir" y "Le chat blanc", de Piotr Pilawa

lunes, 21 de marzo de 2011

El gato, poema de Constantino Cavafis (1863-1933)


N
o es el gato simpático a la gente vulgar.
Magnético y secreto,
cansa a su imaginación superficial.
Y no consiguen apreciar su proceder gracioso.

[...]

Pero el alma del gato es su altivez.
La libertad sus nervios y su sangre son.
En su mirada nunca hay humildad.
En su manera de ocultar cualquier pasión,
en la gracia y sosiego de su disposición,
la pulcritud y contención de sus impulsos,
qué pura suavidad de los sentidos encierra.

Cuando duermen o reposan con sopor los gatos,
de una frialdad visionaria están ungidos.
Tal vez entonces vaguen a su alrededor
espectros de épocas antiguas.
Tal vez la visión los lleve a Búbastis,
donde su culto florecía,
y los Ramsés los coronaban con su veneración
y cada gesto suyo era como una profecía.



Cavafis, P. Constantino, Poesía Completa, Edición de Anna Pothiou y Rafael Herrera, Colección Visor de Poesía, Madrid, Visor,  2003.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El gato y la luna, por William Butler Yeats (1865-1939)

De aquí para allá el gato fue,
y la luna giró como una tapa.
el pariente mas cercano de la luna,
el sigiloso gato, la admiraba.

El negro Minnaloushe miraba fijamente la luna,
pues, vagando y maullando como gustaba,
la pura y fria luz en el cielo
inquietaba su sangre animal.
Minnaloushe corre en la hierba
alzando sus pies delicados
¿tú bailas, Minnaloushe, bailas?
cuando dos parientes se encuentran
que mejor que invitarse a bailar?
quizás la luna aprenda,
cansada de la moda cortesana,
un nuevo paso de baile.

Minnaloushe se arrastra en la hierba,
de un lugar a otro va
bajo la luz de la luna.
la sagrada luna en lo alto
ha cambiado de fase.

¿Sabrá Minnaloushe que sus pupilas
de cambio a cambio mutarán,
y que de luna llena a menguante,
de creciente a llena variarán?

Minnaloushe se arrastra en la hierba
solo, importante y sabio
y levanta hacia la cambiante luna
sus cambiantes ojos.



William Butler Yeats (1865-1939).
Imagen: http://eucema.blogspot.mx/2011/05/los-hijos-de-dios-poema.html

viernes, 22 de octubre de 2010

Los gatos, texto de Carlos González Vallés.


Agradezco de corazón a Nina Ozuna por su excelente contribución a este espacio consagrado a la fauna felina.


"Los gatos los inventaron los chinos"
(Ramón Gómez de la Serna)

El gato es la criatura Zen por excelencia. Dueño de los mejores rincones de la casa, relajado al límite, rey del ocio perpetuo, objeto de caricias. No tiene que guardar la casa como el perro, ni estar encerrado en una jaula y piar como el canario. Antes decían que tenía que cazar ratones, pero aun eso era deporte gastronómico y no obligación laboral. El gato se mueve con elegancia felina, pisa con suavidad algodonada, salta sin esfuerzo, y vive sin ruido. Su cuerpo se ajusta por sí mismo a las curvas del mullido sillón, y su anatomía se mezcla con el regazo humano en reposo orgánico. Siempre alerta y siempre descansado. Sueño instantáneo, e inmediato despertar. Se posee a sí mismo con fácil totalidad, señor de su mirada y conquistador de su espacio. Conciencia ambulante del entorno absoluto. Vivencia exacta del paisaje circundante que encuentra su centro en la unidad despierta de su intenso vivir. El gato, reposado y callado, anónimo y silencioso en olvido publicitario, se convierte súbitamente en la convergencia de todos los vectores de atención al pasar a la acción instantánea con efectividad inmediata. Monje budista en la contemplación inmutable del misterio de la vida en el milagro de creación.

Tengo ante mí la reproducción de una pintura china de un gato. Se está riendo de mí. Me dice; “A ver cuando aprendes a ser como yo. A andar reposado, sin prisas ni sustos, y a saltar al instante en cuanto se presente la ocasión. A caer en la cuenta de todo, observar todo, parecer indiferente a todo, solo para escoger en el momento preciso la postura favorita o el manjar selecto, y disfrutar los placeres diarios con la intensidad inocente y discreta de sibarita profesional. A dormir profundamente con todo el cuerpo en el ritmo visible de la respiración plena y tranquilizante. A dejarte querer de los humanos como si tuvieras derecho a sus caricias y a que todos te quieran como la cosa más natural del mundo. A vivir despreocupado y alegre, y a desaparecer un día con el mismo silencio con que llegaste, sin pensar que el mundo vaya a angustiare porque haya un gato menos. A ver si aprendes, que esa será la manera de pagar yo la deuda que tengo contigo y con todos los humanos por lo bien que me habéis tratado en toda mi vida sin merecerlo.”

El gato del retrato me sigue mirando. Aunque todos los gatos del mundo son iguales, caigo en la cuenta de que es un gato chino. Tenía razón el genial autor de las “Greguerías”. A los gatos los debieron inventar los chinos.

Carlos González Vallés

sábado, 14 de junio de 2008

Cosas que pasan, minificción de Marcial Fernández.

Extraña metamorfosis sufrió el gato de mi vecino. Un día amaneció con melena de león. Al otro día, con mirada de león. Un día más, y su mandíbula, sus patas y su barriga eran las de un león. Pero ahí no acaba la historia. Al día siguiente se comió a los hijos de mi vecino. Luego, a la mujer de mi vecino. Y más tarde, a mi vecino. Y así siguió: come que come sin importarle nada. No le importó siquiera que alguien contara su...

Fernández, Marcial., Andy Watson, contador de historias, Colección Sueño Guajiro, México, Daga editores,  1997.

Imagen: www.amazingcatcollection.com