viernes, 9 de noviembre de 2012

Ailurogénesis: dos relatos del Medio Oriente


Cómo llegó el gato a ser
(Cuento árabe)

Cuando Noé llevó dos de cada uno de los animales dentro del arca, sus hijos y las esposas de sus hijos fueron con él y le dijeron:

-¿Qué seguridad puede haber para nosotros en tanto el león, rey de las bestias, vagabundea por esta embarcación?

Noé oró por la respuesta. Y el Señor mandó desde el cielo una fiebre que afligió al león, restableciéndose la tranquilidad de los hijos y de sus esposas. No existe otra explicación del origen de la fiebre en este mundo.

Pero había en el arca una criatura que también era muy peligrosa y se llamaba ratón. Los hijos y las esposas fueron con Noé y lo previnieron del peligro en que se encontraban todos. Noé rezó por una respuesta, y el Altísimo hizo que el león estornudara, y el gato, que aún no había sido creado, de repente salió por la nariz del rey de las bestias.

Y desde ese momento en adelante, el ratón se transformó y se volvió un animal tímido que adquirió el hábito de esconderse en los agujeros.


Cómo llegó el gato a ser
(Cuento persa)

Cierto mercader de Isfahán, al llegar en una caravana a un oasis, ya entrada la noche, encontró a un grupo de hombres que golpeaban y robaban a un desconocido.

Después de que hubo dispersado a los agresores hacia el desierto, el mercader se volvió para auxiliar al desafortunado desconocido hacia el caravansari*, pagó por su cama y su comida e insistió en acompañarlo hasta que se recuperara.

La noche siguiente, el desconocido –alabado sea el Altísimo- estaba suficientemente recuperado como para poder sentarse con el mercader junto a una fogata afuera de la tienda. Más arriba de las palmeras de oscuro verdor, las estrellas brillaban y resplandecían en la medianoche azul del cielo. El humo de la fogata se elevaba serpenteando suavemente en la fresca brisa formando y volviendo a formar una interminable procesión de cambiantes configuraciones.

Después de un largo silencio, durante el cual ambos miraban con fijeza el fuego, el extranjero tocó al mercader en la manga y dijo:

-Amigo mío, no sabías nada acerca de mí, sin embargo no vacilaste en ir a rescatarme sin esperar recompensa, lo cual es una señal auténtica de tener un gran corazón. Ahora yo deseo darte un obsequio a cambio. Tú no sabías que soy un taumaturgo y puedo darte cualquier cosa que desees.

El mercader contestó:

-He vivido una vida muy buena y feliz con mi familia. He tenido éxito en mi oficio y en este momento no podría desear nada más que estar sentado aquí, en este apacible lugar, mirando el fuego, el humo que se arremolina y las estrellas.

El mago afirmó con la cabeza.

-Muy bien. Te haré un regalo con esos mismos elementos para que los puedas conservar por siempre.

El mago tomó una pequeña lengua de fuego, la luz de dos estrellas distantes, una madeja del rizado humo gris, las amasó y les dio forma en el hueco de sus manos, que se movían con habilidad hasta que surgió de adentro un dulce maullido y un exquisito ronroneo y apareció el más maravilloso felino que nunca antes se hubiera visto. Tenía espeso pelaje gris, ojos brillantes y la punta de su lengua parecía de fuego. Jugaba ronroneando y ondulaba la cola como el humo ascendente.

El mago pidió al mercader:

-Lleva esta hermosa criatura a tu casa; será un amigo para tu familia y un hermoso bien en tu hogar por el resto de tus días.

Y esa es la extraña y maravillosa historia de cómo el gato persa llegó a este mundo.
 

*En Oriente, el caravansari es una posada que se destina a la gente que viaja en una caravana.

Fuente:

McCormick, Malachi, Cuentos de Gatos, México,
Editorial Diana,  1997.

Imagen:
http://www.fantom-xp.com/wp_29__Persian_cat.html


viernes, 20 de mayo de 2011

"La vida privada de un gato" (1947).

Agradezco al webmaster Alejandro Larracilla por haberme dado a conocer "The Private Life of a Cat", material realizado por Alexander Hammid y Maya Deren. La versión original no contiene audio, pero la que aquí se presenta contiene música de fondo.





lunes, 28 de marzo de 2011

Poemas de Charles Baudelaire (1821-1867)



El gato (I)

Hermoso gato, ven a mi pecho amoroso;
comprime el filo de tus uñas;
y deja que me hunda en tus bellas pupilas,
de ágata y metal.

Cuando gustosos mis dedos acarician
tu cabeza y tu flexible lomo
y mi mano se embriaga en el goce
de rozar tu cuerpo magnético,

veo a mi mujer en espíritu; su mirada,
dulce animal, como la tuya
fría y honda, taja y corta cual dardo.

Y, de los pies a la cabeza,
una brisa sutil, de peligroso aroma,
nadan en torno de su cuerpo moreno.

El gato (II)
I
En mi cerebro se pasea,
igual que en su propia casa,
Un gato hermoso, fuerte y suave.
Cuando maúlla, apenas se le oye,

tan tierno y discreto es su tono.
Y que su voz gruña o se calme
es siempre rica y profunda:
Es su
su secreto y encanto.

Esa voz que filtra y fluye
en mi yo más tenebroso
me colma cual un verso cadencioso
y me deleita cual un filtro.

Duerme los
males más crueles
Y resume todos los éxtasis;
y para las más largas frases
no necesita palabras.

No hay ningún arco que muerda
mi corazón, justo instrumento,
ni haga cantar con más grandeza
de sus cuerdas la más vibrante,

como tu voz, gato seráfico,
misterioso, gato extraño,
en quien todo, como en un ángel,
es tan sutil como armonioso.

II
Su pelaje rubio y moreno
exhala tan dulce fragancia
que una noche me impregnó de ella
tan sólo en una caricia.

Es el genio del lugar;
juzga, inspira, preside
todas las cosas, en su imperio;
¿Es tal vez hada, tal vez Dios?

Cuando mis ojos hacia ese gato,
como por un imán arrastrados,
se dirigen dócilmente,
y miro dentro de mí,

veo con asombro el fuego
de sus pálida pupilas,
claros fanales, vivos ópalos,
que me contemplan fijamente.

Le Chat (I)

Viens, mon beau chat, sur mon coeur amoureux;
Retiens les griffes de ta patte,
Et laisse-moi plonger dans tes beaux yeux,
Mêlés de métal et d'agate.

Lorsque mes doigts caressent à loisir
Ta tête et ton dos élastique,
Et que ma main s'enivre du plaisir
De palper ton corps électrique,

Je vois ma femme en esprit.
Son regard, comme le tien, aimable bête
Profond et froid, coupe et fend comme un dard,

Et, des pieds jusques à la tête,
Un air subtil, un dangereux parfum
Nagent autour de son corps brun.

Le Chat (II)

I
Dans ma cervelle se promène,
Ainsi qu'en son appartement,
Un beau chat, fort, doux et charmant.
Quand il miaule, on l'entend à peine,

Tant son timbre est tendre et discret;
Mais que sa voix s'apaise ou gronde,
Elle est toujours riche et profonde.
C'est là son charme et son secret.

Cette voix, qui perle et qui filtre
Dans mon fonds le plus ténébreux,
Me remplit comme un vers nombreux
Et me réjouit comme un philtre.

Elle endort les plus cruels maux
Et contient toutes les extases;
Pour dire les plus longues phrases,
Elle n'a pas besoin de mots.

Non, il n'est pas d'archet qui morde
Sur mon coeur, parfait instrument,
Et fasse plus royalement
Chanter sa plus vibrante corde,

Que ta voix, chat mystérieux,
Chat séraphique, chat étrange,
En qui tout est, comme en un ange,
Aussi subtil qu'harmonieux!

II
De sa fourrure blonde et brune
Sort un parfum si doux, qu'un soir
J'en fus embaumé, pour l'avoir
Caressée une fois, rien qu'une.

C'est l'esprit familier du lieu;
Il juge, il préside, il inspire
Toutes choses dans son empire;
Peut-être est-il fée, est-il dieu?

Quand mes yeux, vers ce chat que j'aime
Tirés comme par un aimant,
Se retournent docilement
Et que je regarde en moi-même,

Je vois avec étonnement
Le feu de ses prunelles pâles,
Clairs fanaux, vivantes opales
Qui me contemplent fixement.


Fuente: Baudelaire, Charles, Las flores del mal / Diarios íntimos, Colección Sépan cuántos, México, Porrúa, 1989.
Versión original en francés: http://poemasenfrances.blogspot.com
Imágenes: "Le chat blanc au miroir" y "Le chat blanc", de Piotr Pilawa

lunes, 21 de marzo de 2011

El gato, poema de Constantino Cavafis (1863-1933)


N
o es el gato simpático a la gente vulgar.
Magnético y secreto,
cansa a su imaginación superficial.
Y no consiguen apreciar su proceder gracioso.

[...]

Pero el alma del gato es su altivez.
La libertad sus nervios y su sangre son.
En su mirada nunca hay humildad.
En su manera de ocultar cualquier pasión,
en la gracia y sosiego de su disposición,
la pulcritud y contención de sus impulsos,
qué pura suavidad de los sentidos encierra.

Cuando duermen o reposan con sopor los gatos,
de una frialdad visionaria están ungidos.
Tal vez entonces vaguen a su alrededor
espectros de épocas antiguas.
Tal vez la visión los lleve a Búbastis,
donde su culto florecía,
y los Ramsés los coronaban con su veneración
y cada gesto suyo era como una profecía.



Cavafis, P. Constantino, Poesía Completa, Edición de Anna Pothiou y Rafael Herrera, Colección Visor de Poesía, Madrid, Visor,  2003.

sábado, 20 de noviembre de 2010

El gato y la luna, por William Butler Yeats (1865-1939)

De aquí para allá el gato fue,
y la luna giró como una tapa.
el pariente mas cercano de la luna,
el sigiloso gato, la admiraba.

El negro Minnaloushe miraba fijamente la luna,
pues, vagando y maullando como gustaba,
la pura y fria luz en el cielo
inquietaba su sangre animal.
Minnaloushe corre en la hierba
alzando sus pies delicados
¿tú bailas, Minnaloushe, bailas?
cuando dos parientes se encuentran
que mejor que invitarse a bailar?
quizás la luna aprenda,
cansada de la moda cortesana,
un nuevo paso de baile.

Minnaloushe se arrastra en la hierba,
de un lugar a otro va
bajo la luz de la luna.
la sagrada luna en lo alto
ha cambiado de fase.

¿Sabrá Minnaloushe que sus pupilas
de cambio a cambio mutarán,
y que de luna llena a menguante,
de creciente a llena variarán?

Minnaloushe se arrastra en la hierba
solo, importante y sabio
y levanta hacia la cambiante luna
sus cambiantes ojos.



William Butler Yeats (1865-1939).
Imagen: http://eucema.blogspot.mx/2011/05/los-hijos-de-dios-poema.html