jueves, 17 de agosto de 2017

Oda al gato



Los animales fueron
imperfectos,
largos de cola, tristes
de cabeza.
Poco a poco se fueron
componiendo,
haciéndose paisaje,
adquiriendo lunares, gracia, vuelo.
El gato,
sólo el gato
apareció completo
y orgulloso:
nació completamente terminado,
camina solo y sabe lo que quiere.
El hombre quiere ser pescado y pájaro,
la serpiente quisiera tener alas,
el perro es un león desorientado,
el ingeniero quiere ser poeta,
la mosca estudia para golondrina,
el poeta trata de imitar la mosca,
pero el gato
quiere ser sólo gato
y todo gato es gato
desde bigote a cola,
desde presentimiento a rata viva,
desde la noche hasta sus ojos de oro.
No hay unidad
como él,
no tienen
la luna ni la flor
tal contextura:
es una sola cosa
como el sol o el topacio,
y la elástica línea en su contorno
firme y sutil es como
la línea de la proa de una nave.
Sus ojos amarillos
dejaron una sola
ranura
para echar las monedas de la noche.
Oh pequeño
emperador sin orbe,
conquistador sin patria,
mínimo tigre de salón, nupcial
sultán del cielo
de las tejas eróticas,
el viento del amor
en la intemperie
reclamas
cuando pasas
y posas
cuatro pies delicados
en el suelo,
oliendo,
desconfiando
de todo lo terrestre,
porque todo
es inmundo
para el inmaculado pie del gato.
Oh fiera independiente
de la casa, arrogante
vestigio de la noche,
perezoso, gimnástico
y ajeno,
profundísimo gato,
policía secreta
de las habitaciones,
insignia
de un
desaparecido terciopelo,
seguramente no hay
enigma
en tu manera,
tal vez no eres misterio,
todo el mundo te sabe y perteneces
al habitante menos misterioso,
tal vez todos lo creen,
todos se creen dueños,
propietarios, tíos
de gatos, compañeros,
colegas,
discípulos o amigos
de su gato.
Yo no.
Yo no suscribo.
Yo no conozco al gato.
Todo lo sé, la vida y su archipiélago,
el mar y la ciudad incalculable,
la botánica,
el gineceo con sus extravíos,
el por y el menos de la matemática,
los embudos volcánicos del mundo,
la cáscara irreal del cocodrilo,
la bondad ignorada del bombero,
el atavismo azul del sacerdote,
pero no puedo descifrar un gato.
Mi razón resbaló en su indiferencia,
sus ojos tienen números de oro.


Pablo Neruda (1904-1973).

domingo, 12 de abril de 2015

Las gatas de los barcos de carga

Va en los barcos de carga siempre una gata
que aman los marineros sin explicarse por qué.
Ella, cuando de su turno salen cansados,
corre a sus pies, orgullosa, a frotarse.

En las noches, en el pesado silencio de la proa que los angustia,
cuando el mar golpea el casco de la nave
como si buscara con su enorme fuerza soltar sus remaches,
tiene para ellos la tersura de una compañía de mujer.

Es perezosa y arrogante como todas las gatas
y tiene sus ojos grises llenos de magnetismo;
cuando dulcemente le acarician su lomo,
parece caer en un lento espasmo placentero.

En el ensueño y en la ira se asemeja a la mujer,
y por ello más la aman los marineros;
cuando lenta e indiferente los mira a los ojos,
se diría que produce una extraña fiebre.

Le ponen al cuello un collar de cobre
que la proteja del mal del hierro.
¡Por desgracia, no siempre así pueden
salvarla de la oscura muerte!

¿Acaso porque sus feroces ojos están húmedos
y electrizados, el negro hierro los atrae?
Enloquece aullando, fija su mirada en un solo punto
y hace brotar silenciosas lágrimas en los marineros.

Pero antes de la muerte, uno de ellos,
aquel que ha visto cosas más espantosas en su vida,
acariciándola un momento y mirándola a los ojos,
la arroja después al agitado mar.

Entonces los marineros, que raras veces abren su corazón,
se retiran a ocultarse con el pecho oprimido,
lleno de una extraña amargura que los roe,
igual que cuando han perdido a una mujer que amaron.

Nikos Cavadías (1910-1975).
Poeta griego

Kappatos, Rigas y Montemayor, Carlos, Antología de la poesía griega del siglo XX, Textos de difusión cultural, México, UNAM, 1993.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Ailurogénesis: dos cuentos del Medio Oriente


Cómo llegó el gato a ser
(Cuento árabe)

Cuando Noé llevó dos de cada uno de los animales dentro del arca, sus hijos y las esposas de sus hijos fueron con él y le dijeron:

-¿Qué seguridad puede haber para nosotros en tanto el león, rey de las bestias, vagabundea por esta embarcación?

Noé oró por la respuesta. Y el Señor mandó desde el cielo una fiebre que afligió al león, restableciéndose la tranquilidad de los hijos y de sus esposas. No existe otra explicación del origen de la fiebre en este mundo.

Pero había en el arca una criatura que también era muy peligrosa y se llamaba ratón. Los hijos y las esposas fueron con Noé y lo previnieron del peligro en que se encontraban todos. Noé rezó por una respuesta, y el Altísimo hizo que el león estornudara, y el gato, que aún no había sido creado, de repente salió por la nariz del rey de las bestias.

Y desde ese momento en adelante, el ratón se transformó y se volvió un animal tímido que adquirió el hábito de esconderse en los agujeros.


Cómo llegó el gato a ser
(Cuento persa)

Cierto mercader de Isfahán, al llegar en una caravana a un oasis, ya entrada la noche, encontró a un grupo de hombres que golpeaban y robaban a un desconocido.

Después de que hubo dispersado a los agresores hacia el desierto, el mercader se volvió para auxiliar al desafortunado desconocido hacia el caravansari*, pagó por su cama y su comida e insistió en acompañarlo hasta que se recuperara.

La noche siguiente, el desconocido –alabado sea el Altísimo- estaba suficientemente recuperado como para poder sentarse con el mercader junto a una fogata afuera de la tienda. Más arriba de las palmeras de oscuro verdor, las estrellas brillaban y resplandecían en la medianoche azul del cielo. El humo de la fogata se elevaba serpenteando suavemente en la fresca brisa formando y volviendo a formar una interminable procesión de cambiantes configuraciones.

Después de un largo silencio, durante el cual ambos miraban con fijeza el fuego, el extranjero tocó al mercader en la manga y dijo:

-Amigo mío, no sabías nada acerca de mí, sin embargo no vacilaste en ir a rescatarme sin esperar recompensa, lo cual es una señal auténtica de tener un gran corazón. Ahora yo deseo darte un obsequio a cambio. Tú no sabías que soy un taumaturgo y puedo darte cualquier cosa que desees.

El mercader contestó:

-He vivido una vida muy buena y feliz con mi familia. He tenido éxito en mi oficio y en este momento no podría desear nada más que estar sentado aquí, en este apacible lugar, mirando el fuego, el humo que se arremolina y las estrellas.

El mago afirmó con la cabeza.

-Muy bien. Te haré un regalo con esos mismos elementos para que los puedas conservar por siempre.

El mago tomó una pequeña lengua de fuego, la luz de dos estrellas distantes, una madeja del rizado humo gris, las amasó y les dio forma en el hueco de sus manos, que se movían con habilidad hasta que surgió de adentro un dulce maullido y un exquisito ronroneo y apareció el más maravilloso felino que nunca antes se hubiera visto. Tenía espeso pelaje gris, ojos brillantes y la punta de su lengua parecía de fuego. Jugaba ronroneando y ondulaba la cola como el humo ascendente.

El mago pidió al mercader:

-Lleva esta hermosa criatura a tu casa; será un amigo para tu familia y un hermoso bien en tu hogar por el resto de tus días.

Y esa es la extraña y maravillosa historia de cómo el gato persa llegó a este mundo.
 

*En Oriente, el caravansari es una posada que se destina a la gente que viaja en una caravana.

Fuente:

McCormick, Malachi, Cuentos de Gatos, México,
Editorial Diana,  1997.

Imagen:
http://www.fantom-xp.com/wp_29__Persian_cat.html


viernes, 20 de mayo de 2011

The private life of a cat (1947).

Agradezco al webmaster Alejandro Larracilla por haberme dado a conocer este material realizado por Alexander Hammid y Maya Deren. Esta grabación no contiene audio.


lunes, 28 de marzo de 2011

Poemas de Charles Baudelaire (1821-1867)



El gato (I)

Hermoso gato, ven a mi pecho amoroso;
comprime el filo de tus uñas;
y deja que me hunda en tus bellas pupilas,
de ágata y metal.

Cuando gustosos mis dedos acarician
tu cabeza y tu flexible lomo
y mi mano se embriaga en el goce
de rozar tu cuerpo magnético,

veo a mi mujer en espíritu; su mirada,
dulce animal, como la tuya
fría y honda, taja y corta cual dardo.

Y, de los pies a la cabeza,
una brisa sutil, de peligroso aroma,
nadan en torno de su cuerpo moreno.

El gato (II)
I
En mi cerebro se pasea,
igual que en su propia casa,
Un gato hermoso, fuerte y suave.
Cuando maúlla, apenas se le oye,

tan tierno y discreto es su tono.
Y que su voz gruña o se calme
es siempre rica y profunda:
Es su
su secreto y encanto.

Esa voz que filtra y fluye
en mi yo más tenebroso
me colma cual un verso cadencioso
y me deleita cual un filtro.

Duerme los
males más crueles
Y resume todos los éxtasis;
y para las más largas frases
no necesita palabras.

No hay ningún arco que muerda
mi corazón, justo instrumento,
ni haga cantar con más grandeza
de sus cuerdas la más vibrante,

como tu voz, gato seráfico,
misterioso, gato extraño,
en quien todo, como en un ángel,
es tan sutil como armonioso.

II
Su pelaje rubio y moreno
exhala tan dulce fragancia
que una noche me impregnó de ella
tan sólo en una caricia.

Es el genio del lugar;
juzga, inspira, preside
todas las cosas, en su imperio;
¿Es tal vez hada, tal vez Dios?

Cuando mis ojos hacia ese gato,
como por un imán arrastrados,
se dirigen dócilmente,
y miro dentro de mí,

veo con asombro el fuego
de sus pálida pupilas,
claros fanales, vivos ópalos,
que me contemplan fijamente.

Le Chat (I)

Viens, mon beau chat, sur mon coeur amoureux;
Retiens les griffes de ta patte,
Et laisse-moi plonger dans tes beaux yeux,
Mêlés de métal et d'agate.

Lorsque mes doigts caressent à loisir
Ta tête et ton dos élastique,
Et que ma main s'enivre du plaisir
De palper ton corps électrique,

Je vois ma femme en esprit.
Son regard, comme le tien, aimable bête
Profond et froid, coupe et fend comme un dard,

Et, des pieds jusques à la tête,
Un air subtil, un dangereux parfum
Nagent autour de son corps brun.

Le Chat (II)

I
Dans ma cervelle se promène,
Ainsi qu'en son appartement,
Un beau chat, fort, doux et charmant.
Quand il miaule, on l'entend à peine,

Tant son timbre est tendre et discret;
Mais que sa voix s'apaise ou gronde,
Elle est toujours riche et profonde.
C'est là son charme et son secret.

Cette voix, qui perle et qui filtre
Dans mon fonds le plus ténébreux,
Me remplit comme un vers nombreux
Et me réjouit comme un philtre.

Elle endort les plus cruels maux
Et contient toutes les extases;
Pour dire les plus longues phrases,
Elle n'a pas besoin de mots.

Non, il n'est pas d'archet qui morde
Sur mon coeur, parfait instrument,
Et fasse plus royalement
Chanter sa plus vibrante corde,

Que ta voix, chat mystérieux,
Chat séraphique, chat étrange,
En qui tout est, comme en un ange,
Aussi subtil qu'harmonieux!

II
De sa fourrure blonde et brune
Sort un parfum si doux, qu'un soir
J'en fus embaumé, pour l'avoir
Caressée une fois, rien qu'une.

C'est l'esprit familier du lieu;
Il juge, il préside, il inspire
Toutes choses dans son empire;
Peut-être est-il fée, est-il dieu?

Quand mes yeux, vers ce chat que j'aime
Tirés comme par un aimant,
Se retournent docilement
Et que je regarde en moi-même,

Je vois avec étonnement
Le feu de ses prunelles pâles,
Clairs fanaux, vivantes opales
Qui me contemplent fixement.


Fuente: Baudelaire, Charles, Las flores del mal / Diarios íntimos, Colección Sépan cuántos, México, Porrúa, 1989.
Versión original en francés: http://poemasenfrances.blogspot.com
Imágenes: "Le chat blanc au miroir" y "Le chat blanc", de Piotr Pilawa